Se trata de Darcula, una plataforma de phishing como servicio (PhaaS, por sus siglas en inglés), que logró robar más de 884.000 tarjetas de crédito tras generar 13 millones de clics en enlaces maliciosos en apenas siete meses, entre 2023 y 2024.
El operativo fue coordinado por investigadores de NRK, Bayerischer Rundfunk, Le Monde y la firma de ciberseguridad Mnemonic, quienes revelaron que Darcula involucra a 600 operadores en más de 100 países y opera mediante 20.000 dominios falsos que imitan marcas reconocidas para robar credenciales financieras.
Una de las innovaciones clave de Darcula es el uso de mensajería RCS e iMessage, en lugar del tradicional SMS, aumentando la efectividad de las campañas. Los mensajes, que simulan multas de tránsito o alertas de entrega, redirigen a sitios fraudulentos diseñados para capturar información sensible. Además, Darcula permite a sus operadores generar kits de phishing personalizados, integrar conversores de tarjetas de crédito a virtuales, y gestionar operaciones desde un panel de administración simplificado.
En abril de 2025, la plataforma incorporó inteligencia artificial generativa, habilitando la creación de campañas en múltiples idiomas y temas, y elevando el nivel de personalización y sofisticación de los fraudes.
La investigación también identificó como pieza clave a "Magic Cat", una herramienta asociada a un joven de 24 años de Henan, China, vinculado a una empresa de software que, aunque niega su implicación en actividades ilícitas, presenta lazos claros con la operación. Darcula opera a través de grupos cerrados en Telegram, utilizando granjas de SIM y módems para la distribución masiva de mensajes.
Este esquema de fraude no es una acción aislada: es una red organizada, estructurada por roles específicos, capaz de evadir detecciones mediante técnicas avanzadas como DNS-over-HTTPS.
El caso Darcula ilustra cómo la combinación de tecnología avanzada y criminalidad organizada está redefiniendo el fraude digital. Con la creciente incorporación de IA, las futuras amenazas serán aún más difíciles de detectar, subrayando la urgencia de fortalecer la seguridad digital y promover prácticas de protección proactivas en toda la industria de pagos.